Reflejo.

Conoces esa sensación de pánico al escuchar esa canción, como si de otros mundos hubiese llegado y alberga tanto dolor, empieza suave y luego esa voz  que me inunda de un no se que, que pesa, me llena y me quedo de piedra intentando no romperme como el barro luego de la humedad de tantas lágrimas contenidas.
Son espectáculos no aptos para todo el público, derramarse no es tan fácil cuando no comprenden la belleza del encuentro cara cara con el dolor más dulce envuelto en una filosa melodía,  y entre tanto y entre nada me sonrío desgastada frente a un espejo que me devuelve la mirada.

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