Desde el borde.

Estar al borde lo hace peor, respiras el azufre que se cuela entre el vapor de la entrada a este infierno, quema la piel, arden los ojos, olvido respirar ¿y vos, dónde estás?
 En un tono más abajo, entre cuerdas enredado, no eres tú, es la brisa incandescente que muere como este verano.
Se va y llega el invierno y yo sigo aquí viendo a mis pies la locura del después,
Ya no se lo que existe o lo que he imaginado, busco tus manos, no estás,
Sigo al borde del precipicio, a las puertas de este infierno donde me adentro, donde murieron las vírgenes de hace tiempo, donde el sacrificio conoce el finito y muero.

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