Infinita noche.

Ya no dedica canciones,
las dejó olvidadas en la mesita
de la noche.
Abrió los ojos y la tormenta emanaba
de ellos, empapando suspiros,
relámpagos de sueños.
Todo lo olvidó, cerró las ventanas
y la oscuridad todo lo cubrió.
El ruido se hizo silencio y ya nadie le encontró.
Pronto el frío congeló sus besos, y su piel
se agrietó.
Ya no dedica insomnios, y duerme eternamente como alguna vez tanto lo deseó.

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