Reconocimiento.
Perdona todas las veces que he omitido tu nombre y las veces que maldecí el mio; las veces que me he negado a ver lo maravilloso de tu creación, perdona mi imperfección humana que raya en la estupidez, quizá no sea digna de nada pero existo y aquí estoy viviendo día a día y tratando tanto de escucharte y sentirte y se que estás aquí, de alguna manera te siento; en la esperanza de los ojos de aquellos a los que trato, en el abrazo inesperado lleno de gratitud, aquí estás, y puedo hablarte con la mayor franqueza, mi dolor, mi fe junto a todo lo que he puesto en cada cosa que hago valdrá la pena al final, porque creo en esta misión que surgió de esa inspiración divina y algo tan sublime, como el amanecer, solo puede venir de un Dios.
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