Hadas.

Siempre me gustaron las hadas, tienen ese algo mágico, ese secreto escondido entre sus labios (como el beso robado del primer amor). Toda la vida desee ver una , toda la vida desee que existieran, que no creyera haber visto una simple estrella titilar en la negrura inmensa de la noche; más que nada queria prestar sus delicadas alas y así volar...

¿A dónde? 

A más allá de todo entendimiento, de toda razón y todo discurso impregnado de moral.

Pienso,  que siendo tan diversos,  aún continuamos encasillándonos dentro de lo que se considera "correcto". Me pregunto si alcanzaré algún día las expectativas que tácitamente me impusieron desde que fue formado mi cuerpo. Pero no contaron con que a mi cuerpo le naciera esta alma que ata, que arrastra y que en noches escarchadas se desangra, ahogando el grito suplicante en la almohada...

"Quiero ser, solo ser, esencia sublime y volar, todo el tiempo volar como las hadas..."


Me tocó crecer, me tocó jugar a ser la adulta que interpreto todos los días desde muy temprano al amanecer. Aquí no vendrá un príncipe alado a borrar los rastros de esta piel, a liberar el fuego del alma en llamas que precisa vencer, abandonar los convencionalismos y prejuicios para volver a plasmar esa esencia que esconde a esa hada sin nombre.

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