La niña.

La niña me habla, de muñecas y de juegos, de sonrisas y miedos, de monstruos que habitan el día y se muestran tras cristales que distorsionan el sentido de la vida, en esta frágil burbuja de inocencia se contamina de pecado y se oscurece de vergüenza.
La niña busca mi mano y toca mi consciencia, estalla entonces la tormenta en mi pecho y mi cabeza, la niña suspira y gime la soledad y el abandono, inolvidable ha sido el viaje y las cicatrices se muestran aún tiernas en el alma de esta niña que viene y se niega a irse a pesar de mis escudos y mi piel gruesa. La niña canta a voz en cuello todo aquello que se obligó a callar, esta niña no retorna a la oscuridad.
La niña cree en hadas y en la felicidad, en su dulce rostro veo a penas los vestigios de realidad, el dolor la tomo como en sueños y aunque la quiso ahogar ella todo lo hizo luz que le dió alas y pudo respirar el cielo y amar su fragilidad.

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