Paz, hermano.
Qué puedo decirte a estas horas, para que tu alma se sienta abrigada, para que recuperes la paz y las ganas. Vivir como todo lo bueno, lo puro y lo que es de verdad, duele, causa heridas, perder sin verse ganar, el dolor, el pánico y el amor que surge de estos amargos desencantos. Y decírtelo no hará que vuelva a ti intacta el alma, el cuerpo, sin lágrimas derramadas. El tiempo es incertidumbre, segundos tras segundos y perder todo en ellos, y sentir que muero, si te vas, si no estás, si no consigo reparar el fuego en tus ojos, si no te calientan mis manos perdidas entre la neblina que solo buscan tu rostro, entre tantos rostros, el tuyo.
De que sirve mi deseo constante de encontrarte a salvo, si yo misma me siento inútil y lejana, tan a la deriva, dejando pasar los daños, pensando en vos, en las ganas que tengo de que vivas, de que sonrías, aún bajo la tormenta y la destrucción, hablar con Dios, llevar mi súplica hasta el cielo para verte regresar, limpio el rostro, limpia el alma, intacta las ganas de luchar y seguir el camino, ya sin dolor, con paz en tu corazón.
De que sirve mi deseo constante de encontrarte a salvo, si yo misma me siento inútil y lejana, tan a la deriva, dejando pasar los daños, pensando en vos, en las ganas que tengo de que vivas, de que sonrías, aún bajo la tormenta y la destrucción, hablar con Dios, llevar mi súplica hasta el cielo para verte regresar, limpio el rostro, limpia el alma, intacta las ganas de luchar y seguir el camino, ya sin dolor, con paz en tu corazón.
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