Lo que no digo en voz alta.

Hoy es uno de esos días,  lo supe desde el momento en el que abrí mis ojos. Un día que quizá podría ser como algún otro, pero no, es uno de esos en la que la incertidumbre se cuela y hace que duelan los hombros.
Un día gris, con la neblina lamiendo tus mejillas, porque este día no podía tener un clima cualquiera, si no un clima justo como el de hoy.
Todo se confabula, es esa esencia que flota en el aire, que respiras y te llevas dentro llegando justo a tu centro.
Entonces sientes ese cosquilleo, y tu cabeza se llena de ruido y malos sueños,
Sabes que es un día triste el que sobrevives colgado de tu cuello como medalla de desconsuelo,  la joya que te roba lo bueno.
Baja, la pesada amalgama  se instala en tu estómago, pesado, anudado, ácido de dolor.
Si de casualidad me notas y preguntas cómo estoy, te diré que soy otra, que no soy yo, soy otra que se arrastra a la depresión, que no hay salvación para esta ánima taciturna, varada en el océano de preguntas sin respuestas, sin ganas de ser salvada, sin ánimos para salvarme yo.

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