Desvariando.

No se mucho de la vida, no se nada
de poesía, siempre tengo todas las preguntas
y nunca las respuestas, soy y no soy nada,
voy, y existo porque se que respiro,
siento ese latido arrítmico dentro de mi,
mi vida, mi sangre y mi alma, y entonces
¿qué hago aquí?
 Despertar, respirar, transpirar, rutina.
Día a día, noche a noche, 
fabricar sueños con el algodón de la
sábana, cansar los ojos frente a una pantalla.
Toda la vida igual, sin más ni menos que contar, 
¿quién asigna el propósito de existir?,
¿Quién ha osado ponernos aquí? siguiendo el camino
que por instinto escogimos, luchando contra el vacío, 
contra el hueco en el centro del alma, suavizando
las desganas, acoplándonos al mundo, girando 
con el universo, preguntándonos en silencio
la razón de nuestros desvelos en noches filosóficas,
madrugadas tan oscuras donde solo se desea
convertirse en polvo de estrellas.
Fundirse con el todo,
           abandonar las dudas,
                       alcanzar la luna.
Y al final no hay justificación para esta vida,
abrir los ojos y ver otro día, despertar, respirar y transpirar rutina.

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